Si cerramos los ojos e imaginamos el mundo en el que querríamos vivir, seguro que dista mucho de la realidad en la que nos encontramos; inmersos en las prisas y los agobios; inmersos en llegar los primeros a no se sabe dónde...
La competitividad en los trabajos y la carestía de la vida no nos ofrecen tregua, aunque sí sería posible sacar algo positivo de todo ésto.
En tiempos de crisis la imaginación se agudiza y “otros valores” toman el relevo. Quedarnos sentados a esperar que escampe no es la solución.
Es cierto que debemos renunciar a determinados “lujos” o privilegios de tiempos mejores, pero éstos se pueden compensar empezando a mirar la vida de otra manera, disfrutando de las pequeñas cosas que sí tenemos a nuestro alcance y que en la mayoría de los casos pasan desapercibidas.
Por ejemplo, cuando vamos de viaje nos gusta visitar museos, catedrales, lugares emblemáticos y en la mayoría de las ocasiones desconocemos los que tenemos en nuestra propia ciudad o alrededores próximos.
Cambiemos la apatía y el sofá de los fines de semana, por visitas culturales a nuestra propia ciudad. Miremos nuestro entorno como si lo viésemos por primera vez. Aprender a mirar el arte, es una forma instructiva de compensar ese lado espiritual que todos llevamos dentro.
Darnos cuenta de los detalles de un edificio, o de un enclave por el que pasamos todos los días o asistir a una exposición y mirarla con ojos críticos, en definitiva aprender a mirar, seguro nos abrirá un nuevo mundo de posibilidades.
Amigos: ¡ABAJO EL SOFÁ, ARRIBA EL ARTE !
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